La resurrección de un partido religioso fija el voto de protesta en Perú

Tras 20 años de ausencia política, la resurrección del Frente Popular Agrícola (Frepap) en las últimas elecciones congresales en Perú ha suscitado una serie de incógnitas. Aunque el voto nulo y en blanco fueron ganadores de este proceso electoral, este partido agrario, teocrático y mesiánico ha sido el segundo más votado para conformar un nuevo Congreso de la República fragmentado. Ni las encuestas ni la prensa peruana vieron venir este resultado que no es más que el reflejo de la desafección peruana con la política –seriamente dañada por la corrupción– y del centralismo en que aún viven las élites en Lima de espalda al resto del país.

Estas elecciones legislativas –aunque excepcionales ya que los electos apenas estarán 14 meses en funciones– han puesto fin a un ciclo caracterizado por la tensión política que desde mediados de 2016 se profundizó cuando el Congreso, de mayoría opositora, bloqueó al Poder Ejecutivo y protegió a políticos investigados por corrupción, entre ellos la hija del expresidente Alberto Fujimori. En efecto, ahora los resultados de las urnas han marcado el hundimiento del fujimorismo que, como afirma El País en su editorial, “es la demostración de que los votantes han identificado sin dudas al causante de la grave crisis institucional que vivió Perú el año pasado”, la misma que llevó al presidente Martín Vizcarra a disolver el Congreso.

A pesar de esta esperada caída, el ascenso del partido ultraconservador Frepap ha sido inesperado y, como señala el politólogo Carlos Meléndez en Perú21, “ha tenido el efecto de sacudón a las élites, como el de la ola de movilizaciones de Chile y un susto telúrico del calibre de las protestas indígenas en Ecuador”.

Desde 1968, el Frepap es el brazo político de la Asociación Evangélica Misión Israelita del Nuevo Pacto Universal que fusiona la Biblia con la cosmovisión andina. La última vez que tuvo representatividad parlamentaria fue en el 2000, año en que murió su profeta y fundador, Ezequiel Ataucusi, cuyos seguidores esperaron su resurrección durante tres días. Aunque Ataucusi nunca resucitó, ahora el Frepap sí lo ha hecho gracias al voto de protesta, como afirman sus propios militantes.

Sin embargo, este voto de protesta no fue previsto por los medios de comunicación y las encuestadoras. De acuerdo con el sondeo preelectoral de Ipsos, el 62% prefería votar por un candidato nuevo con el 3% de preferencia por el Frepap, un porcentaje insuficiente para pasar la valla electoral del 5%. Para el periodista Renato Cisneros en El Comercio, esto manifiesta “el peligro de pretender descifrar el país sin salir de las redes sociales y la idea elitista que muchos peruanos parecen tener del país, como si en el fondo renegaran de la diversidad que tanto se reconoce como valor de la boca para afuera”.

Esa desconexión de las élites con el resto del país preocupa, no solo por el desconocimiento de las necesidades de las zonas rurales como Ucayali, donde el Frepap arrasó con la mayoría de votos, sino porque hace posible la llegada al poder de una agrupación como esta, caracterizada por la homofobia y el menosprecio hacia la mujer. Como apunta Diego García Sayán en La República, “que un movimiento con respaldo electoral, autodefinido como “teocrático”, tenga estos signos de fanatismo, preocupa por la intolerancia que encierra y porque choca con un Estado laico”. Precisamente, el voto de protesta por el Frepap –en un país donde la votación es obligatoria– no tiene que ver con su extremismo religioso, sino con el cansancio ciudadano y las promesas de desarrollo agrario que hicieron con los lugares más pobres.

Fotografía: Rodrigo Abd/AP

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