A la sombra del Brexit, el pasado 8 de febrero, Irlanda celebró unas elecciones generales que rompen el bipartidismo en el poder a partir del auge de un tercer partido político: el Sinn Féin. El ascenso de este partido de izquierda —brazo político de la organización terrorista IRA durante décadas— recoge el descontento de los jóvenes y pone en pie la posibilidad de un referéndum para la reunificación de la isla.
Desde la independencia del Reino Unido en 1921, los partidos Fine Gael, de derecha demócratacristiana, y Fianna Fáil, de centroderecha, se han repartido el poder en Irlanda. Esta alternancia durante un siglo ha configurado a este país —fuertemente católico— como el más conservador de la Unión Europea. Apenas hace dos años Irlanda despenalizó el aborto, una reforma que coincide con aquellos movimientos ciudadanos que en 2015 lograron la aprobación del matrimonio igualitario en un país donde la homosexualidad era ilegal y se pagaba con cárcel hasta 1993.
Desde aquel entonces esos movimientos sociales ya anunciaban la necesidad de cambio que los jóvenes irlandeses plasmarían en estos comicios. A esto se suma el aumento de las desigualdades sociales, pese a que en los últimos nueve años del gobierno del Fine Gael la economía irlandesa ha sido una de las que más ha crecido en Europa. En efecto, según un reciente estudio de Oxfam, este país tiene 17 multimillonarios, un número “desproporcionadamente alto”, solo por detrás de Hong Kong, Chipre y Suiza en términos de la cantidad de multimillonarios en relación con su población.
Como explica el corresponsal Rory Carrol en The Guardian, “el impacto de la crisis, cuando Irlanda aceptó dócilmente la medicina de la austeridad, se siente ahora en el malestar por el aumento del coste de vida y por la insuficiencia de los servicios públicos”. “Los jóvenes que antes habían votado en referéndum sobre el aborto y el matrimonio igualitario — añade— estaban listos para algo nuevo”.
Este panorama —históricamente conservador y por mucho desigual— podría transformarse con el triunfo del Sinn Féin. Al 100% de los escrutinios, este partido político cuenta con el 24,5% de los votos, superando así al Fine Gael (20,9%) y al Fianna Fáil (22,2%). A pesar de esto, el Sinn Féin tan solo ha logrado 37 de los 160 escaños de la Cámara Baja del Parlamento irlandés, uno menos que el Fianna Fáil debido a un error estratégico en la presentación de sus candidatos.
“Es un gran cambio. Este ha dejado de ser un sistema de dos partidos. La gente quiere un tipo de gobierno diferente”, expresó la lideresa del Sinn Féin, Mary Lou McDonald, tras conocer los resultados.
El Sinn Féin ha encontrado, en ese descontento social, la oportunidad para reivindicarse dentro de la política irlandesa. A diferencia de sus oponentes electorales, quienes abogaron por el éxito económico del país y el Brexit, McDonald centró su campaña en la carencia de viviendas accesibles y los problemas de sanidad que los jóvenes irlandeses reclamaban.
A este mensaje social se añade la destreza con la cual este partido ha sabido desligarse de su pasado. Como señala El País en su editorial, “veinte años de paz y una dirección renovada han logrado cambiar la imagen de un partido que, sin embargo, sigue sin saldar cuentas ante la opinión pública por su pasado y mantiene oscuros lazos de servidumbre con el IRA”. En esta estrategia, sin lugar a duda, ha sido clave la figura de su lideresa McDonald (,) a quien, en contraste con el legendario líder del partido, Gerry Adams, no se le conocen vínculos con (el) IRA.
Gran parte del triunfo del Sinn Féin, además, viene de la posibilidad de un referéndum (para) la reunificación de la isla de Irlanda. Si bien sus promesas políticas han estado más enfocadas en las desigualdades, no cabe duda de que este partido siempre ha tenido presente dicho referéndum. Tal como argumenta The Economist en su editorial, esta histórica victoria “es una de las últimas razones para pensar que una Irlanda unida en una década es una posibilidad real que va creciendo». “Más pronto de lo que la gente espera —agrega— el momento para una Irlanda unida puede llegar a ser imparable».
Es cierto que el Sinn Féin no cuenta ahora con escaños suficientes para formar Gobierno por sí mismo, pero está claro que sus coaliciones apuntarán a que la reunificación irlandesa pueda estar más cerca de lo que muchos esperaban.